El hombre de las manos de pólvora

Él es Héctor Manuel, originario de Arandas, donde lleva 30 años trabajando en la quema de castillos. Foto: Lucía Castillo

Él es Héctor Manuel, originario de Arandas, donde lleva 30 años trabajando en la quema de castillos. Foto: Lucía Castillo

Por: Lucía Castillo

El tumulto de gente buscaba con qué taparse de la inesperada lluvia. El día había estado soleado y algo caluroso. Héctor Manuel Landeros Ramírez, un hombre de 54 años encargado del espectáculo pirotécnico que se daría a la media noche, predijo la tormenta desde muy temprano, cuando junto a sus otros compañeros de trabajo, armaba pieza por pieza el castillo que divertiría a chicos y grandes en el que fue el fin del novenario de la fiestas patronales dedicadas a la virgen del Rosario, en Zapotlanejo.

“Nos vamos a esperar un ratito porque puede haber amenazas de agua al rato y hay que ponerle un líquido especial a todo el castillo para protegerlo de la lluvia”, advirtió Manuel Landeros como a las 10 de la mañana de ese domingo 19 de octubre de 2014.

Héctor Manuel es un artesano de la pirotecnia, oriundo de Arandas, Jalisco. El difunto, don Amando Delgado Cholico, fue su maestro principal, quien heredó a sus hijos el negocio denominado: “Cohetería luz y fuerza”, en el que Héctor trabaja desde hace 30 años, 20 de los cuales ha asistido a las fiestas de la virgen del Rosario.

“En ningún otro pueblo he visto yo peregrinaciones tan bonitas como las que hacen en Zapotlanejo. Se va uno de aquí lleno de Dios. También a uno le llega tantito de todo lo que hacen”, dice el hombre.

El 7 de octubre de cada año, la milenaria imagen de la virgen del Rosario sale del templo en una procesión de niñas danzantes, una banda de guerra, sacerdotes, acólitos, miembros de distintos grupos católicos y fieles de la religión. Afuera, en la explanada de la presidencia y la casa de la cultura, un altar monumental espera el inicio de una celebración eucarística, de la que participan miles de personas de todo el municipio, quienes se visten con sus mejores ropas y acuden a la fiesta. Todo ocurre en el centro histórico de la población.

Imagen de la virgen del Rosario, a su salida del templo el 7 de octubre de 2014. Foto: Lucía Castillo

Imagen de la virgen del Rosario, a su salida del templo el 7 de octubre de 2014. Foto: Lucía Castillo

El sábado siguiente al día 7, comienza el novenario. En esas fechas, cuatro miembros de la “Cohetería luz y fuerza” se hospedan en Zapotlanejo contratados por las distintas empresas que patrocinan las festividades en las que hay música, kermes, juegos mecánicos, peregrinaciones y fuegos artificiales desde las 5 de la mañana, y hasta cerca de las 12 de la noche.

Cada castillo que se aprecia durante unos 30 minutos, equivale al trabajo de todo un día. Este domingo, los coheteros de Arandas comenzaron a “quemar” -como ellos dicen- inmediatamente después de que se soltó la llovizna.

El show, que se prolongó 45 minutos, inició con un corazón giratorio, rojo, ya protegido contra el agua. Luego otros aros comenzaron a girar, se detuvieron y dieron paso a una corona que voló hacia arriba casi a la altura de la torre del templo, un edificio construido en el año de 1790 con cantera de color blanco traída de Tinajeros, una comunidad de este municipio.

La corona subió y bajó cuatro veces, emprendió totalmente el vuelo y volvió a descender hasta caer. Le siguió una especie de trébol que daba vueltas con el ritmo que usan los voladores de Papantla, y al lado giró también una flor que daba la apariencia de abrirse y cerrarse. El castillo culminó con el vuelo de la corona más grande, y con las luces de varios colores que iluminaron el cielo que todos miraban.

Espectáculo de fuegos artificiales del sábado 18 de octubre de este año. Foto: facebook.com/virgendelroZario

Espectáculo de fuegos artificiales del sábado 18 de octubre de este año. Foto: facebook.com/virgendelroZario

El precio del trabajo

Manuel Landeros no ha visto a su esposa y su hija desde hace dos semanas. Se la pasa yendo de pueblo en pueblo, haciendo castillos y cohetes para las fiestas patronales de otros municipios del país: “Mi lema es: no decir no a mi trabajo, no me gusta decir que no”, recalca.

Cuando se puede, descansa los domingos. Si tiene que trabajar ese día, se lo reponen después. Al año le dan dos semanas de vacaciones: “Me encanta mi trabajo, cuando termina uno de hacerlo y ve que todo le sale bien, uno se siente a gusto, satisfecho, y trata uno de hacer bien las cosas para que la gente quede contenta”, expresó el cohetero a unas cuantas horas de partir a su casa.

El precio de dejar por semanas a su familia para salir a “quemar” es de 1350 pesos semanales. En trabajos como el que se apreció en el final de la celebración del Rosario, el pago extra no rebasa los 400 pesos. Hay castillos que cuestan 9 mil pesos, y otros, como el de hoy, con todo lo que implicó, que llegan a costar hasta 30 mil pesos.

En casi todos los lugares a donde ha viajado este artesano de la pirotecnia, ha escuchado quejas de los ciudadanos que no quieren que los cohetes los levanten temprano o les impidan conciliar el sueño por las noches. Para ellos, Héctor Manuel tiene un mensaje: “Decirles que nosotros hacemos nuestro trabajo con un gran gusto. Nos vamos orgullosos de este pueblo con gente bonita, amable y hospitalaria. ¡Gracias por el apoyo!”, dice el cohetero al tiempo que levanta sus manos llenas de pólvora.

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