Nuestra atracción, nuestra decisión.

Tiempos de Enfoque

Editorial Final

La identidad sexual, como haya sido percibida desde la infancia, afecta nuestra forma de vivir la atracción sexual en la adultez, es decir, delimita el gusto hacia cierto tiempo de mujeres u hombres, aunado a la capacidad personal de relacionarse sexual y emocionalmente con quien sea de nuestro agrado.

Definimos la atracción sexual, en resumen,  como un estado emocional placentero que induce el acercamiento entre personas con el propósito esencial de llevar a cabo un intercambio sexual, ello según el Doctor en Psicología Raúl E. Martínez.

Amantes. Imagen: blogs.monografias.com

Sin embargo, la atracción sexual se concibe a partir de diversas realidades, que del contexto cultural dependen. Por ejemplo, en la cultura occidental, a diferencia de otras culturas, es la única que cree en el enamoramiento, indicó el Doctor Eliseo López.

El tema de atracción sexual, varía y desvaría. El enfoque del psicólogo, el químico, el antropólogo, el mercadólogo, el sexólogo, etc., cambia con la misma intensidad con que coincide, si consultáramos la postura de cada especialista, en cada una de estas disciplinas, en cada parte del mundo, encontraríamos el estudio de la atracción como un asunto interminable y de verdades variantes.

Agregamos a ello la postura religiosa, específicamente la católica, que reconoce la atracción, el placer sexual, pero bajo términos conyugales, en los que la reproducción es el principal fin, costumbres respetadas por muchos.

Otro factor más se une a la lista de causalidades entorno a la atracción sexual: El estereotipo, conformado, además de lo ya dicho, por el bombardeo comercial al que diariamente estamos expuestos en los medios de comunicación, esa mercadotecnia que nos venden y que dicta quien es bello, que obtienes con ser bello y que pierdes si no lo eres.

Imagen: planetaneutro.blogspot.com

Aclaremos que, pese al prototipo mediático, hacerse de un cuerpo saludable y bien presentado, bajo las subjetividades que ello implica, es importante y podemos constatarlo frente al espejo cuando te levantas un día en que te sientes bien, a diferencia de cuando te sientes mal con tu persona, siendo este –y lo decimos sin sustento teórico- un reflejo hacia los otros, que puede o no atraer.

Pero la atracción sexual no siempre es el detonante para culminar en matrimonio. En muchas ocasiones se siente el deseo del intercambio sexual con alguien pero no pasa más allá de la sensación, jamás se verbaliza y mucho menos se actúa,  así que asuntos como noviazgo y matrimonio se resuelven con otras decisiones.

¿Qué decisiones? Las que nuestras costumbres indiquen si es que nos conducimos a partir de ellas, o las que nuestros impulsos requieran o prefieran, al final, todos tenemos un “autocontrol”, un poder de decisión, pero ahora, con la conciencia de todos los puntos de vista abordados en este mes, de todas las posibilidades, de cual apertura personal deseemos ejercer.

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