Los nómadas del hartazgo. La vida sobre el ferrocarril: Crónica de los que se van

Por: Saúl Justino Prieto Mendoza y Rubén C. Díaz Ramírez

La primera parte de este texto aquí: https://tiemposdeenfoque.wordpress.com/2010/06/26/los-nomadas-del-hartazgo-la-vida-sobre-el-ferrocarril-cronica-de-los-que-se-van/

La bestia de hierro del Mayab, es una de las nueve empresas concesionadas para operar el ferrocarril, luego que Ernesto Zedillo privatizara el servicio en 1995. La línea del Mayab termina hasta el estado de Oaxaca, una vez allí el Rulis tostado por el sol del sur y el extremo calor de los fierros calientes sobre los cuales viaja, salta del tren en un despoblado, para volver a subir pero ahora en el ferrocarril del Istmo de Tehuantepec que lo llevará a repetir la operación para tomar el sistema Ferrosur, llegar al centro del país y de nuevo subir a un tren de  Ferromex hacia la frontera norte hasta Mexicali.

Sobre un vagón de Norte de México, el Rulis reflexionaba sobre su destino y la suerte que tuvo, primero agradeció no toparse a ningún Mara y agradeció también el no ser objeto de algún secuestro, como los perpetrados por los Zetas en el sur de México en contubernio con algunos guardias del ferrocarril y las mismas autoridades mexicanas, como se consigna en la revista Proceso 1714 y lo determina el Informe especial de la Comisión Nacional de Derechos Humanos sobre los casos de secuestro en contra de migrantes. Se señala que de septiembre de 2008 a febrero de 2009 se cometieron 9,758 secuestros a transmigrantes (alrededor de 55 por día). Más del 90% fueron plagiados por bandas organizadas.

Foto: Saúl Mendoza.

Del total de crímenes sólo en 2,535 casos se estableció el lugar en donde se realizaron: las instalaciones del sistema ferroviario. También se especifica cómo los secuestrados son violados y en varios casos se les niega la comida y el agua.

Todo ello lo conocía de sobra el Rulis, pero para él, viajando ahora por la costa del pacifico, su única preocupación era saltar hacia los Estados Unidos y encontrar trabajo. Allí, en la frontera, murieron 1016 transmigrantes desde el año 1999 a septiembre de 2008 según el INM. Rulis podría ser uno de ellos.

Juan Carlos

El éxodo no alcanza sólo a los originarios de Centroamérica. Dentro de la República se llevan a cabo movimientos migratorios provocados por la falta de empleo, inseguridad, inestabilidad política y los procesos globalizantes de la fuerza de trabajo, comentan Stephen Castles y Mark J. Miller en su libro “La era de la migración” del año 2007.

Juan Carlos es oriundo de Querétaro en donde subió al ferrocarril de Ferromex. Partió un día de febrero, portando pantalones azules, una playera que evoca con nostalgia a Emiliano Zapata, una gorra roja y una mochila verde en donde carga una botella de refresco que usará tantas veces que suba y baje del ferrocarril.

Juan Carlos ahora está harto, después de tres meses de soportar temperaturas extremas, del lúgubre frío al infernal calor del metal de los vagones, mirar acompañantes muertos entre las vías, que cometen el error mortal de no apoyarse en la escalerilla y resbalar directamente a las ruedas del ferrocarril que pasan inevitablemente por el cuerpo del trampa que nunca llegará a su destino. Después del suceso estuvo más atento que nunca de dónde pisaba para bajar y subir del transporte.

Llegó a Guadalajara y de ahí partió a Manzanillo, donde se constató que la situación es la misma: personas desempleadas que tratan de sobrevivir en un lugar donde preponderan las exigencias y carecen las oportunidades. Regresó de oeste a este por el ferrocarril, pasó de nuevo por Guadalajara y bajó en la estación de Ocotlán. Ahí conversaba bajo la sombra de un árbol con un joven que viste ropas oscuras, de tez morena y bigote mancebo, ahora inclina su mirada apoyándose en sus brazos. Juan Carlos está de pie, espera el próximo ferrocarril, se dirige hacia Irapuato donde se desviará para llegar a Querétaro, para dar fin a su estropeada travesía.

Ni siquiera piensa en ir a Estado Unidos  “¡no! está bien lejos”. Quién se arriesgaría a ser detenido en la frontera norte como los 728 692 mexicanos repatriados del  inicio de 2009 a marzo de 2010 (INM).

Foto: Rubén Díaz.

En Ocotlán bajaron junto a un hondureño que lleva más tiempo andando; él está parado en el cruce del flujo vehicular y las vías del ferrocarril, se acerca a los autos a pedir una ayuda para comer. “A veces los policías que pasan te dicen que te quites”. Juan les responde que le den un trabajo, para poder salir adelante, sólo pide eso  para continuar en su lucha, a pesar de la opresión de los encargados del orden público.

Ahora Juan Carlos espera a que den las 6 de la tarde para abordar el ferrocarril que lo regresará a casa, “a ver si me quieren de regreso”.

Juan es un mexicano que se convierte en transmigrante dentro de su propio país, en donde se expone a los mismos riesgos que los trampas extranjeros, con la diferencia de que a ellos se les conceptualiza como delincuentes por buscar sobrevivir.  

Destinos del ferrocarril en la frontera norte. Imagen: ferromex.com.mx

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5 pensamientos en “Los nómadas del hartazgo. La vida sobre el ferrocarril: Crónica de los que se van

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