El botín de los cristeros

Por: L. Castillo y S. Mendoza 

Las luces tenues que minutos antes alumbraban el vagón, se apagan repentinamente. ¡Viva Cristo Rey! gritan algunos en medio de las detonaciones provocadas por armas de fuego, que durante dos horas no pararon. 

El 17 de abril de 1927 tuvo lugar un acto sangriento que ha quedado registrado en la historia de México: El asalto al tren de La Barca que transportaba 200 mil pesos para pagos del ejército federal -según relata Gabriel de la Mora en su libro “Del tiempo de los cristeros”- así como pasajeros rumbo a la Ciudad de México. Mora hace alusión a tres textos publicados en el diario Excélsior referentes al asalto; el primero es un Boletín del Estado Mayor de la Presidencia, con fecha del 21 de abril de 1927, en el que se afirma que los presbíteros José Reyes Vega, Aristeo Pedroza y Jesús Angulo, dirigieron el asalto al llamado Tren Correo: “Quemando todos los carros y pasando a cuchillo a la mayor parte de los pasajeros de segunda, muchos de los cuales fueron quemados vivos dentro del tren”.                

Imagen: El Universal 22 de abril de 1927.

 

El segundo texto de Excélsior, es una narración de Mestre Chigliazza, quién viajaba en el tren y refiere: “Después de las ocho de la noche, y una vez pasado de la estación de Ocotlán y cuando el pasaje menos lo esperaba, pues unos cenaban tranquilamente y otros se disponían a recogerse, el  tren sufrió una brusca sacudida que hizo que, apagadas las luces, los carros quedaran enteramente a obscuras (…) cerradas descargas de fusilería cayeron sobre uno y otro lado de la vía férrea”. Los gritos de ¡Viva Cristo Rey! se unían al ruido provocado por las armas –describe Chigliazza-, y se sabe que los jefes cristeros participaron en tal hecho porque otros asaltantes lo afirmaron. 

La tercer evidencia emitida por el diario, es una editorial del 23 de abril que enuncia a 130 víctimas del asalto considerado “un suceso desgarrador y sangriento”, que se suma a “la serie de los que cada día lamentamos”, refleja la editorial. 

Otra perspectiva del evento se forma mediante la investigación de Alejandro Cerda, cronista del municipio de Ocotlán, Jalisco: “A lo largo del día los cristeros se estuvieron congregando en el lugar, desde la región de Los Altos, Jalisco. “Adelantito de San Miguel, se llama El Limón (…), fue el asalto al Tren Correo, llevaban los impuestos de Guadalajara a México, ese era el plan asaltar el tren para robarse el dinero”. 

Cerda coincide que los cristeros levantaron la vía, provocando que el tren descarrilara: “Iba una guarnición de soldados muy pequeña y casi todos los que iban en el tren eran pasajeros” completa. 

El historiador confirma que José Reyes Vega, en venganza por la muerte de su hermano durante el asalto, ordenó incendiar los vagones con los pasajeros dentro; además asevera la participación de Aristeo Pedroza y Victoriano Ramírez El Catorce, pero no de Miguel Gómez Loza, quien funge como autor intelectual. 

Del botín, menciona que fueron 120 mil pesos que debían llegar al Banco de México. Y de los 500 maleantes que participaron sólo a 60 les encargaron el dinero. Agrega que les dieron costales con 200 pesos en plata. “La idea era que todos debían irse a Tepatitlán ahí se les iba a pagar (…) del dinero que ellos llevaban”. Sin embargo, muchos de ellos no llegaron a la reunión.  “Muchos las enterraron. Y esas bolsitas de dinero la gente las anda buscando (…) ya se han encontrado algunas”. 

“Les iban a dar 20 pesos a cada uno [de los cristeros que participaron]”. 

Cerda indica que el municipio de Ocotlán, colindante con La Barca, estaba bajo control del gobierno de Plutarco Elías Calles, entonces presidente de México. “Los cristeros atacaban Ocotlán porque aquí estaba el gobierno (…) los cristeros andaban en Los Altos, aquí estaba el ejercito (…) a la gente la movían a Ocotlán [porque] era más fácil protegerlos aquí”. Ya que la zona era bastante conflictiva. 

Fotografía del artículo: Los asaltos de la fe (Revista Día Siete).

 

Un artículo publicado en la revista Proceso el 23 de noviembre de 2005, escrito por Felipe Cobián, cita a Francisco Barbosa Guzmán, quien asegura que “participaron los sacerdotes Reyes Vega, Pedroza y Angulo. En unión de Gómez Loza y Victoriano Ramírez, descarrilaron al convoy en un punto cercano a La Barca”. 

Uno de los muchos enfrentamientos entre federales y cristeros.

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