Química del amor

Por: Rubén C. Díaz Ramírez

Cuando se habla del día 14 de febrero tradicionalmente se añaden los sustantivos de “amor y amistad”. Hablado específicamente sobre amor, las plumas han vaciado litros de tinta e incontables horas hombre para tratar de explicar, definir y ennoblecer tal vocablo, así como de igual manera  se han gastado exceso de calorías para describir y saber qué es el amor.

Foto: Internet

Tal suceso (si podemos llamarlo así) y sus consecuencias culturales, biológicas, ecológicas  existe y ha existido en la mayoría de las sociedades del planeta tierra como lo documenta Helen Fisher en su libro “Porqué amamos”, basándose en la literatura dejada por innumerables individuos a lo radial del orbe y en documentos culturales escritos por ellos, la autora ha concluido que el amor es sentido, pensado o vivido por la mayoría de la humanidad, aun así  el pensar y creer en cualquier Dios o tal parece es igual de universal (Harris. Antropología Cultural. Pág. 343).

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Pero al parecer Eros (dios del amor en la mitología griega) no acompaña sólo a los Homo Sapiens, varios antropólogos y científicos (Charles Darwin, Cynthia Moss, Hope Ryden) creen, basados en observaciones de la vida silvestre, en la existencia de algo parecido al sentimiento amoroso en especies no sapiens.

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Imagine ahora a su pequeño perro enamorado del perro del vecino.

Para aclarar este suceso,  al parecer universal e inter especie, Helen Fisher recurrió a un experimento donde escaneó el cerebro de personas “locamente enamoradas”, para registrar las partes del órgano involucradas en el enamoramiento.Los resultados mostraron que  el amor romántico está asociado con niveles elevados de dopamina y/o norepinefrina.

Asimismo se descubrió una actividad intensa en el núcleo caudado: “región extensa en forma de C, que se encuentra muy cerca del centro de nuestro cerebro, está, dirige el movimiento corporal y forma parte del «sistema de recompensa» del cerebro, la red mental que controla la excitación sexual, las sensaciones de placer y la motivación para conseguir recompensas”.

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Las motivaciones se definen “como sistemas cerebrales orientados a la planificación y la persecución de una necesidad o un deseo específico. Art Aran, parte del equipo de la doctora Helen, lanzó la hipótesis de que el amor romántico no es una emoción, sino “un sistema de motivación diseñado para permitir a los pretendientes construir y mantener una relación íntima con una pareja determinada que prefiere sobre las demás”.  Que a la vez cree un fuerte vínculo llamado de apego, para poder criar un niño, producto de la relación, y ahorrar energía y tiempo para buscar y cortejar otras parejas, además de asegurar la transmisión del ADN.

De cualquier manera,  aunque el amor sea una motivación en búsqueda de una recompensa, el 14 de febrero los recompensados serán los vendedores de fetiches, postales, tarjetas, globos, de todo. Los compraremos para luego, tratar de obtener el objeto de nuestra motivación.

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