Fiesta que no festejó al festejado

Por: Saúl Justino Prieto Mendoza

Es inevitable mirar un día antes del 14 de febrero a personas de todas edades con rosas, arreglos florales o globos. Parejas que se abrazan cariñosamente con un brazo, porque en el otro cargan el peso del regalo obsequiado por el entorno que les persuade de demostrar -con un objeto- el aprecio que se tienen. No importa el tamaño mientras conserve su estado material.

Sin embargo, en medio de tal desfachatez comercial, el Ayuntamiento de Guadalajara organiza espectáculos de todo tipo para conmemorar la fundación de esta ciudad. Uno de ellos se llevo a cabo en la remodelada Av. Chapultepec.

Ahí, desde la calle Vallarta, dos de los carriles fueron cerrados para instalar un pequeño escenario, en donde una mujer de cabello rubio y complexión delgada cantaba agudamente acompañada del sonido de dos guitarras, bajo y batería. Varios jóvenes mueven una de sus rodillas de adelante hacia atrás al ritmo de la melodía, mientras que un niño se divierte girando alrededor de un farol que resplandece luz, parece que sólo le importa llegar al momento en que no pueda más y caiga mareado de las vueltas. Hasta entonces, alrededor de 200 personas miran y escuchan a “The Waitress” que desde el año pasado promociona su primer disco. “Espero que se la hayan pasado super bien, esto es The Waitress” se despide la bella vocalista.

Al terminar su presentación camino hacía el sur por Chapultepec, en donde encuentro varias parejas viendo atentamente a un hombre esbelto de vestimenta negra que indica cómo moverse al bailar. Música y el grito !Clases de cha cha cha!, se escucha en dos grandes bocinas, dando inicio a una serie de movimientos tímidos y descoordinados de los aprendices. Detrás de mí hay un rótulo que dice Instituto Municipal de Atención a la Juventud, que en unión con la Secretaría de Promoción Social y la Dirección de Cultura, organizan las clases de baile, en donde los jóvenes prefieren ser observadores.

Continúo hacia la misma dirección,  y en la siguiente cuadra se encuentran puestos ambulantes en los que se exponen playeras, libros, pinturas y diversos objetos esotéricos. Más adelante se reúnen varios individuos. Antes de saber por qué, se atraviesa un joven de múltiples acentos y cabello corto ofreciéndome incienso de diferentes aromas a cambio de lo que sea. Finjo no escucharlo y sigo caminando. La congregación se debe cinco músicos que no necesitan un escenario para atraer la atención de la gente. Lo mismo pasa con cuatro jóvenes uniformados que con sus cantos en diferentes tonos intentan conseguir dinero.

Llego a la calle Efraín González Luna en donde se acaba el expresivo recorrido. Regresando veo al instructor de baile acompañado por un mayor número de personas en pleno zapateo cadencioso. Bailan la coreografía infaltable en fiestas y reuniones que hizo famoso al grupo “Caballo Dorado” . Mientras en el escenario se presentan “Sutra” banda tapatía que, mediante violín, trompeta, sintetizador, guitarras, batería y bajo, intentan demostrar su calidad musical. Para cerrar el concierto, se presentaron “Yoyo Breakers”.

Este evento llamado: “Festival Rock Guadalajara” forma parte de “La Fiesta de Fundación” organizada por el gobierno municipal. Al final, el suceso abarcó diversas expresiones desde artísticas hasta afectivas, sin embargo nunca se incluyo el verdadero sentido de él: la conmemoración de la Fundación de Guadalajara.

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